Cuarenta cartas, tres para cada uno y cuatro en la mesa. Juegas una carta: si en la mesa hay una del mismo valor, la tomas y la pones en tu montón, boca arriba; si no, se queda ahí. Pero si tu carta tiene el mismo valor que la que está encima del montón del otro, ¡le robas todo el montón! Cuando se acaban las cartas se reparten otras tres; cuando se termina el mazo, las cartas de la mesa van al último que tomó. Gana quien tenga más cartas.
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